29/06/07
LOS VERDADEROS PROBLEMAS
Hay problemas verdaderos y falsos, aquellos hay que solucionarlos y éstos eliminarlos; por ejemplo, una enfermedad hay que curarla, una aprensión hay que desecharla, o, en otro orden de cosas, una deuda hay que pagarla y un capricho hay que olvidarse de él.
En lo personal, el hombre egoísta está condenado a la soledad, el matrimonio sin respeto mutuo y entrega no durará, la familia sin unión ni ayuda entre sus miembros no sirve de nada.
Los empresarios que no afrontan los temas laborales, el mercado y la competencia, las necesidades de inversión, tecnológicas y financieras, la supresión de los gastos innecesarios, la producción obsoleta, etc..., aunque intenten engañarse ellos mismos y a los socios, están expuestos a que los resultados, inexorablemente, evidencien su mala gestión, y, si los accionistas no reaccionan, la empresa morirá.
En política ocurre lo mismo, pero con mayor gravedad. El político huye de los problemas reales y crea, o permite que surjan, otros artificiales. La oposición existe para denunciar los problemas pendientes, contribuir a resolverlos, y no permitir que el gobierno eluda su responsabilidad y meta en el absurdo a los ciudadanos.
En España el separatismo había desaparecido. Hoy, como le ocurría a Lope de Vega con sus obras, “más de cien,- en horas veinticuatro,-pasaron de las musas al teatro”, porque todos los días se pone en cuestión la unidad, incluso la propia existencia, de España.
La Constitución de 1978 hay que cambiarla en todo aquello que ha fallado. Las normas que pueden ser interpretadas de una manera y de la contraria no son serias, y están pidiendo a voces su derogación.
Nuestros partidos políticos no son cauce de buen gobierno y renovación, según las necesidades de la sociedad, sino instrumentos desvergonzados de apropiación indebida del poder.
El sistema electoral es un puro disparate. Las autonomías, los gobiernos, el parlamento, la judicatura, los llamados organismos reguladores, la corrupción y la especulación inmobiliaria y bursátil, la libertad de los ciudadanos, la igualdad ante la Ley, la información veraz , la economía, y, en especial, la vivienda, la energía, la pobreza y Europa, las relaciones exteriores, la inmigración, la enseñanza, la droga, la irresponsabilidad efectiva de los poderosos, etc... son problemas verdaderos.
La guerra de Irak, la política lingüística, los parlamentos y gobiernos autonómicos, los matrimonios homosexuales y el “orgullo gay”, la educación para la ciudadanía, la brigada de actuación urgente, los fueros, la diversidad legislativa, la alianza de civilizaciones, las resoluciones de la ONU, las misiones de paz, los inhibidores, la vuelta de Rato, los poetas y los pintores y sus premios, etc... son problemas artificiales.
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