30/06/07

GRACIAS A DIOS

En la Piel de Toro pasan algunas cosas que alivian la tristeza que producen las que tenemos que soportar a diario.

Verán ustedes, en un pueblecito de la Comunidad Autónoma de la Cantabria Infinita, antes provincia de Santander, hay un vivero de árboles, plantas y flores con justa fama, que pertenece desde hace generaciones a una familia de profesionales enamorados de su trabajo.

Las últimas elecciones autonómicas y municipales han producido algunos cambios sorprendentes. El Partido Regionalista, socio del PSOE en la Comunidad, ha llegado a acuerdos de gobierno con el PP en varios Ayuntamientos.

El viverista que lleva el negocio, ante la nueva realidad política, comentaba extrañado que una de las corporaciones, gobernada hasta hoy por un alcalde socialista, había pasado a tener otro del PP, por un acuerdo con los regionalistas. Pues bien, la anterior corporación hacía gala de su entusiasmo por las tradiciones más significadas, hasta presidir la misa solemne del 15 de agosto, fiesta grande de la localidad, en la cual la Consagración se acompaña con la Marcha Real. Por el contrario, los nuevos ediles se caracterizan por su frialdad y por su afán de implantar novedades, pase lo que pase, y caiga quien caiga.

Uno de los teólogos más influyentes de la Iglesia de hoy, con muy notable formación intelectual y relevantes cargos académicos, publica un artículo, en la tercera página de un diario nacional, en defensa, matizada, eso sí, de la educación para la ciudadanía, advirtiendo de la incongruencia de quienes, siendo partidarios de la asignatura de religión, se oponen radicalmente a aquella. La Jerarquía, por su lado, denuncia la falta de unidad en el seno de la comunidad católica.

La mayoría de los castellanohablantes piensan que llamar a un hombre maricón es, cuando menos, despectivo. Hace poco el madrileño barrio de Chueca, para celebrar el día europeo del “orgullo gay”, contrataron a una conocida cantante para que leyese el pregón que abría el festejo. La multitud, con su algarabía, impidió a la muchacha leer su papel, en inglés, por cierto, por lo que ésta llamó maricones a los asistentes y, muerta de risa, se largó sin que nadie se sintiese insultado o menospreciado.

Gracias a Dios, los españoles continuamos siendo diferentes.

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