25/07/07

EL QUINTETO DE LA MUERTE.

Todo lo que nos está pasando es una película desternillante: “El quinteto de la muerte”, estrenada en 1955, dirigida por Alexander MacKendrick, auténtico mito del cine inglés, e interpretada por Alec Guiness, Peter Sellers, Herbert Lom y la maravillosa Katie Johnson.

Nuestras peripecias no tienen nada que envidiar a las muy hilarantes de la banda del profesor Marcuss (Alec Guiness), quien se hace pasar por músico en el alquiler de una habitación de la casa de la encantadora Mrs. Louisa Alexandra Wilberforce (Katie Johnson), cuya permanente interferencia dificulta el atraco planeado por los compinches.

Solo a un verdadero genio del humor se le puede ocurrir meter en nuestras televisiones, a etarras que se escapan de un taxis a pié, espías traidores de los espías y atracadores de banco, sin barba, ni peluca, saludando a todos los españoles desde Portugal.

Vamos a ver, ni que el señor Rubalcaba estuviese protagonizando un “remake”, o nueva versión de las aventuras y desventuras del profesor Marcuss, con quien tiene un cierto parecido físico entre. ¿Cómo es esto de que el asesino se meta en un taxi con una tartera de explosivos, que, mientras el ministro del Interior está celebrando una conferencia con su colega portugués, la policía lusa detenga al enemigo público español nº.1, y que el jefe de los espías declare ante las cámaras que se ha detenido a un agente doble vendido a los rusos en el 2001, que vive en Canarias?.

El adobo de tales despropósitos es la sospecha de que continúan los contactos con ETA, que “El Jueves” rectifica con una portada de D. Felipe vestido de abeja y Dª. Leticia de flor, que la Vicepresidenta da a entender que no es partidaria de secuestrar revistas, que los obispos dicen que la Fe no se impone a nadie, pero que la “educación para la ciudadanía” es un contradiós.

No se trata de faltar al respeto debido al Presidente, a la Vicepresidenta, al Ministro del Interior, al de Defensa, a D. José Blanco, ni al Fiscal General del Estado, pero sí llamar su atención de ciertos aspectos chuscos de la acción política que sufrimos.

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