28/08/07

LA GUERRA DEL PRESIDENTE.doc

 

 

 

LA GUERRA DEL PRESIDENTE.

 

 

Había una vez un presidente que necesitaba declarar la guerra a alguien. Como no existían enemigos él los iba creando, según le parecía oportuno, para derrotarlos y recibir laureles. Primero declaró la guerra a los que creían que, para alcanzar el bien común, había que anteponer éste a infantiles ambiciones personales. El presidente les llamó “extrema derecha”, y , calificándose a sí mismo de extremadamente rojo y feminista, se atribuyó la victoria.

 

A continuación la emprendió contra Estados Unidos, con el que ya había tenido sus más y sus menos en un desfile militar. Al amparo de una inconcreta promesa electoral, ordenó una desordenada e inmediata retirada de tropas de Irak, desconociendo compromisos de estado y faltó poco para pasarse al enemigo. Pensó “ahora los Estados Unidos se fastidian”, y yo me garantizo las próximas elecciones.

 

Seguidamente quiso cambiar radicalmente el régimen constitucional y la emprendió con la unidad de España. Comprendió que, por un lado, tenía que aprovechar el independentismo catalán y, por otro, el terrorismo vasco. Hizo alianzas con los nacionalistas radicales y con los terroristas. Habló y negoció con ellos, a los primeros les regaló un “Estatut”, y, a los segundos, protección bajo la máscara de un “proceso de paz”. Pero el “Estatut” era inconstitucional e inaplicable, y el “proceso de paz” desembocaba necesariamente en un independentismo extensible a otras autonomías y estados, fuera de su jurisdicción. El presidente sin embargo, llamó a suizos y noruegos, les dio una pasta, y se consideró legítimo candidato al Premio Nobel de la Paz. Victoria.

 

La misión no estaba completa, quedaban flecos, y el presidente, queriendo emular a Heracles, decidió dar cima a su destino: Encauzó la economía española para enriquecer a sus amigos, planchó los derechos de las víctimas del terrorismo, mandó ejércitos a Líbano, Afganistán, Balcanes, siempre en misiones de paz, y creó una brigada escogidísima a sus órdenes directas, se besó con palestinos, marroquíes, dio dineros a Senegal y Mauritania, legalizó inmigrantes ilegales para que pudiesen recorrer Europa, se enfrentó a los regímenes de Francia y Alemania, pidiendo a la primera que, como España, votase “guí” al proyecto de constitución europea, y, para terminar, quiere involucrar a Portugal en la media lucha emprendida contra ETA, que parece que le está tomando un poco el pelo, y eso no puede consentirlo. Además, un manojo de leyes sobre matrimonio, dependencia familiar, educación ciudadana, porque para eso es el que manda, con algunas ayudas interesadas, compradas y, en cualquier caso, disparatadas.

 

Esta es la historia de un presidente muy bueno, modesto, benéfico con los homosexuales, premiador de las verdaderas glorias literarias y artísticas, que ejerce la caridad internacional con Castro, Cháves, Morales y algún otro. 

 

 

 

 

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