29/08/07
LA MEMORIA.doc
LA MEMORIA.
La memoria selectiva es peor que la falta de memoria: te acuerdas de lo que crees que te beneficia, y olvidas lo que te parece perjudicial. Para tener un criterio útil es necesario considerar lo bueno y lo malo.
Las películas de indios contienen a veces mensajes ocultos por las aventuras. Cuando aparece el Séptimo de Caballería, Sitting Bull reúne a loa apaches, los sioux y otras mil “naciones” y celebra Consejo. El tal Sitting, a la luz de la hoguera, habla y dice lo que cree mejor, después de escuchar a los jefes. Un joven jefe se cabrea, y se sube de un salto al caballo pegando alaridos. Otros jefes y jefas le siguen, y los indios son arrasados para siempre jamás.
También las ciudades griegas tenían, entre las instituciones políticas supremas, los gerontes o consejo de ancianos, cuya autoridad era indiscutida. Sin embargo, cabalgado en pos de su ambición, surgían discrepantes, como Pausanias que quiso establecer su tiranía después de su victoria contra los persas en la batalla decisiva de Platea. El remedio es castigar al que así obraba con el ostracismo, o la muerte.
Ostracismo es lo que tuvo que aplicar el líder a brillantísimos parlamentarios que discrepaban de él, en la muy reciente historia de nuestros partidos políticos, porque la permanencia de los expulsados comprometía la existencia de los partidos.
Cuando los problemas aparecen, la memoria es necesaria. Hay que recordar quienes son los causantes, de donde proceden, qué hicieron, qué aportaron y qué pretenden. Existen personas inclinadas a apropiarse de lo que otros construyeron, pero lo malo es que, una vez que lo consiguen, únicamente lo utilizarán en beneficio propio, como ya lo han intentado antes, porque su naturaleza es de sanguijuelas.
La descalificación como sistema es síntoma indudable de los propósitos. Cuando, sin estar obligado a ello, se manifiesta rechazo a cosas razonables, y más que razonables, cuando se evidencian argumentos sobre lo imprudente de una acción, y no se acepta la opinión, ni el consejo de quien es dueño de la autoridad moral dentro del partido, es que pretendes apoderarte de él, y hay que impedirlo con energía y claridad.
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