31/08/07

QUE GANE EL MEJOR.doc

 

 

 

QUE GANE EL MEJOR.

 

 

¿El mejor es algo subjetivo?, no debería serlo, pero el cerrilismo, es decir, la obstinación, sin admitir trato o razonamiento, pretende lo contrario. Es inútil porque a la personas, como a las mulas que no quieren moverse, a veces ni la evidencia les sirve para nada.

 

En política, a los ciudadanos les importa, desde luego, que gane el mejor, el más apto para el ejercicio de los derechos y para el progreso de la sociedad. El problema siempre ha sido aplicar un mecanismo que haga posible la selección. Descartadas la fuerza, la riqueza, el origen divino del poder, la nobleza de sangre, solo queda deferir la decisión a la democracia, a los votos.

 

La complejidad de los comicios permite toda clase de abusos. La cosa empieza por la determinación o selección de los candidatos de las elecciones. Candidato, etimológicamente, viene de cándido, blanco, porque los que, en la antigua Roma, querían alcanzar un cargo, paseaban por el foro vestidos con túnica de este color, indicando, así, la pureza de sus intenciones, y los ciudadanos se acercaban a ellos para que les diese las razones que avalaban su aspiración.

 

Después de largos siglos de violencias y ilegítima autoridad, la moderna democracia ha recurrido a sistemas electorales muy distintos, todos con ventajas e inconvenientes, sin garantía absoluta de nada, pero que hay que ceñirse a sus reglas.

 

Los requisitos para que un sistema electoral sea respetable son, como mínimo, los siguiente: garantía de presentación, en régimen de igualdad,  de quienes deseen concurrir como candidatos; limpieza de las campañas informativas, sancionando cualquier inducción al error de los electores, con especial vigilancia de los medios de comunicación social y de los llamados actos electorales; garantías absolutas de la libertad de voto, impidiendo los desgraciados y frecuentes actos agresivos, y las manipulaciones del escrutinio.

 

Se aproximan las elecciones generales, lo que algunos cursis llaman “la gran fiesta de la Democracia”, y cualquier ciudadano puede exigir que no se hagan trampas y que, para ello, que no se dejen en manos de instituciones, organismos y personas profesionales de semejantes vicios, o que tengan una acreditada trayectoria de las más serias sospechas. Esta es la cuestión y no las luchas intestinas de personajes ambiciosos.

 

 

 

 

 

 

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