24/10/07
CAMORRISTAS.doc
RECTIFICAR.
Hay veces que una rectificación suena a ratificación. Rectifica quien corrige las imperfecciones o errores de algo que ha hecho, o dicho. Ratifica quien confirma lo que ha hecho, o dicho.
Por ejemplo, la Vicepresidenta del Gobierno, refiriéndose a su airada y pública conversación con la Presidenta del Tribunal Constitucional, dijo que hablaban de sus cosas, y que eran amigas desde hacía tiempo. Esto es más una ratificación de su enfado, por la abstención de ésta en la resolución sobre su compatibilidad para votar, sobre todo porque, poco después, anuncia la recusación del Gobierno de dos magistrados del mismo Tribunal, para el mismo caso.
Otro ejemplo, la Presidenta de la Comunidad de Madrid, refiriéndose a su opinión, manifestada al Rey en una comida del día once de octubre, sobre la impertinencia de los ataques de Federico Jiménez Losantos en la emisora de la COPE, dice que ella no comenta sus conversaciones con el Rey, al que reitera su apoyo. Esto es más una ratificación de su mencionada opinión, que una rectificación de la misma.
La rectificación nace del reconocimiento de los errores cometidos, y para ello es necesario tener una determinada categoría intelectual y moral. Cuando se carece de ella, las rectificaciones son verdaderos bodrios, cosas mal hechas y de mal gusto, vamos, como hacer el ridículo cambiando de traje todos los días, para aparentar la elegancia que no se tiene.
Hace poco escribía que, si vivo, no votaré al Partido Popular si la Presidenta de Madrid continúa en él, y que, si fuera valenciano y socialista, tampoco votaría al PSOE a causa de la Vicepresidenta.
Me gustaría que alguien piense lo mismo.
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