28/10/07
EL SOSIEGO.doc
EL SOSIEGO.
La turbación moral o física, es decir, la falta de serenidad, es contagiosa. Es raro que tres mujeres políticamente relevantes, hayan perdido el sosiego. Empezó la Presidenta de la Comunidad de Madrid en el almuerzo del día once de los corrientes pidiendo al Rey que tratase con humanidad al periodista Jiménez Losantos, siguió la Vicepresidenta el Gobierno con la bronca en la tribuna del desfile, volvió la Presidenta la Comunidad de Madrid rescindiendo unilateralmente la dirección de obras del teatro del Canal de Isabel II, repitió la Vicepresidenta del Gobierno con la recusación de dos magistrados del Tribunal Constitucional, y termina, por el momento, la Ministra de Fomento diciendo que no dimite porque “correr es de cobardes”. ¡Cómo está el patio!.
¿Se puede correr un tupido velo?, sin duda, pero el problema no es éste, sino si se quiere, lo que, a su vez, depende de las capacidades para reconocer errores, y rectificar.
Los ciudadanos padecemos los malos modos, la mala educación, y hasta la vanidad y la soberbia de los políticos con resignación, pero esto no quiere decir que nos guste, ni que, llegado el momento, no lo tengamos en cuenta.
Aunque no es punto pacífico entre los entendidos, a mediados del siglo XIX un ganadero navarro de reses bravas, D. Javier Guendalain, creó una vacada autóctona, que, poco después, vendió a D. Nazario Carriquirri, y, con este nombre, adquirieron fama sus toros, porque, cuando se les cruzaba la mirada, el primero que se le ponía delante subía a saludar a la luna. En 1865, con hierro de esta ganadería, se lidió en Madrid un toro de seis años, llamado Mainete, que dio un juego extraordinario, aunque despanzurró varios caballos y algunos peones, y, desde entonces, el madriñelismo castizo ha llamado “carriquirri” a las mujeres con casta de reñidoras. Así lo he oído, y así lo cuento , y, si no es verdad, me arrepiento. En definitiva, aunque hoy es ganadería buscada y de prestigio, las figuras del toreo, durante tiempo, tacharon este hierro de sus corridas, y los majos de plante no se echan palante fingiendo valor, cuando se enfrentan a una carriquirri, y, aunque a la Ministra de Fomento le parezcan cobardes, salen de naja.
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