28/11/07
CONSEJOS PARA LA CRISIS.doc
CONSEJOS PARA LA CRISIS.
El momento no es para ambigüedades. La situación de la economía es adversa: la producción baja, los costes suben, el consumo y la inversión se retraen, hay inflación y el dinero vale cada día menos. El capital, sin duda, huirá buscando estabilidad, rentabilidad y seguridad. El trabajo disminuirá y los ahorros perderán valor y se consumirán por la necesidad de sobrevivir. Es dudoso que nadie se libre de los efectos de la crisis, y todos queremos saber como capear la tormenta.
La economía no es una ciencia exacta, probablemente ni siquiera es una ciencia y, por consiguiente, no proporciona teorías explicativas, soluciones infalibles, ni fórmulas para suplir la imprevisión. Ha llegado a hora del buen administrador, del sentido común y de hablar claramente.
El primer consejo es impedir que continúen el señor Zapatero, el señor Solbes y sus ministros. Ellos son los culpables de la situación y mantenerlos sería una imperdonable imprudencia.
El segundo consejo es devolver a la sociedad una justicia rápida, eficaz y despolitizada. La enorme cantidad de disparates y tonterías que se han cometido no se debe a la falta de leyes, sino a una detestable administración de justicia.
En el orden personal, no hay que fiarse de la bolsa, porque ha perdido los requisitos mínimos para un funcionamiento serio. En la medida de lo posible, hay que ir recuperando l dinero.
La vivienda propia, para los ciudadanos, no es un negocio, sino una inversión de uso. La deuda hipotecaria be ser cancelada cuanto antes, porque el futuro previsible para los deudores no es bueno.
La inversión inmobiliaria no se puede garantizar y, antes de realizarla, hay que elegir muy bien la localización, el estado del bien y el vecindario. No endeudarse para comprar.
El dinero exige tres condiciones, y por este orden: seguridad, liquidez y rentabilidad. Huir de inversiones poco claras y de asesoramientos desconocidos.
No avalar a nadie, si no se está dispuesto y en condiciones de pagar el total avalado.
Hacerse fuerte en el trabajo y, si el empleador no puede seguir, recordar que un arreglo es mucho mejor que un pleito.
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