12/02/08

CUIDADO CON LOS PRINCIPIOS.doc

 

 

 

CUIDADO CON LOS PRINCIPIOS.

 

 

Haberlos, haylos, pero son muy pocos. Sin embargo, es costumbre inveterada de los que quieren perpetuarse en el poder o en los privilegios, otorgar la dignidad de principios a cosas que no merecerían incluirse ni en reglamentos internos.

 

Por ejemplo, la Iglesia, que tiene que aceptar la nueva realidad social, encuentra dificultades para derogar la discriminación de las mujeres, el celibato sacerdotal y la condena mortal del sexo, porque los ha predicado como inamovibles, y bases de su poder.

 

Los padres revolucionarios de la igualdad han concluido en la consagración de las listas paritarias de las elecciones, mientras se muere de asco el principio la representatividad, o la instauración del disparate de las legislaciones autonómicas, una especie de status civitatis romano,  que tuvo que derogar un emperador.

 

Zapatero reclama la dirección de las políticas antiterrorista y de inmigración, con la manida teoría de que, aunque se violen las leyes, Rajoy está obligado a no hacer la más leve crítica, ni aunque se chulee a las víctimas del terrorismo.

 

Rajoy dice que no va a derogar, si gana, la legislación sobre el aborto, que es un crimen contra los principios más elementales, y aquí si hay que hablar de eso, cueste lo que cueste en votos. Por lo tanto, que haga menos aspavientos sobre otras cosas, que solo interesan a sus candidatos para no quedarse fuera.

 

Hay que insistir en que la religión, las leyes y el poder están hechos para los hombres, y no al revés.

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