17/04/08

LA INEFICACIA DEL INSULTO.doc

LA INEFICACIA DEL INSULTO.

 

 

El insulto es un desahogo de la frustración y del odio. El que lo profiere no es un crítico, es un maleducado incontinente. El que lo recibe no toma conciencia de la acusación que lo causa, sino que reacciona contra una agresión injusta.

 

En política, desde siempre, las palabras gruesas, las frases  malevolentes, la insidia, la calumnia y las malas maneras han suplantado la firmeza, el respeto, la verdad y las razones. En democracia este mal se agudiza porque las agresiones concitan el aplauso de los ciudadanos sectarios y, por tanto, tienen utilidad electoral.

 

La Ministra de Defensa, por ejemplo, ha motivado los más ásperos comentarios, unos de crítica razonable, pero otros agravios personales. Este nombramiento a dedo necesita más una explicación que ser publicado en el Boletín. ¿Por qué no sabemos nada sobre las razones que lo motivan?. Esto es lo importante, para cumplir la orden de “capitán, mande firmes”, y no contestar un “no me da la gana”, que hubiese dado la vuelta al mundo.

 

La Presidenta de la Comunidad de Madrid, previa una preparación artillera de Ramírez y Losantos, seguida de una algarabía, enarboló la bandera de la rebelión contra Rajoy. Con un periodístico “no me resigno”, que parece copiado del “yo acuso” de Zola, después de haber sido la que más festejaba a su jefe político, no ha abierto una “reflexión”, sino una “sucesión”. Está bien, pero es necesario aclarar que no participa en la campaña de insultos y desprestigio de sus, hasta ahora, comunicadores-aduladores, para que no se repita “ que el matador fue Bellido- y el impulso soberano” (Luis de Góngora, poema al asesinato del Conde de Villamediana).

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