10/08/08
GIGANTISMO.doc
GIGANTISMO.
Los olímpicos mueven a reflexión sobre lo excesivo. Admiramos lo más viejo, lo más grande, lo más destructivo, lo más rico, sin importarnos que sea venerable, proporcionado, saludable o benéfico. El gigantismo es una agresión a la estética y a la ética, una negación de la virtud y una inclinación a lo deforme. El gigantismo ni es un buen ejemplo, ni una cristalización de una sociedad moderada y feliz.
Aprovechando esta disparatada tendencia, que responde a una falta de educación, a una falta de verdaderos educadores, a un trastueque de valores, se han abalanzado como buitres los hombres del dinero y los hombres de la política, El círculo infernal se cierra cuando el deporte de competición se convierte en instrumento de enriquecimiento y de poder.
Algo habrá que reparar en el fondo de las actividades humanas para corregir la deriva hacia lo perjudicial, hacia el mal. Más que glorificación de las marcas y del espectáculo, los líderes están obligados a recuperar el espíritu olímpico de lo que es el verdadero deporte, la competición entre iguales, dopajes y financiaciones aparte. Tan condenables son las drogas, como la sobrefinanciación que destruye la igualdad de quienes compiten. Quien pone más, más gana.
Si España tiene algo nuevo que ofrecer, no son las medallas, sino la moral de los caballeros andantes, de Quijano el Bueno, es decir, del ejemplar Don Quijote.
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