02/10/08
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La política debería ser una cosa seria, pero no lo es, y, por eso, resulta lógico que los políticos no hagan honor a los pactos y compromisos, públicos o privados. Por la izquierda Zapatero y su proceso de paz y su no crisis, por la derecha. UPN- Sanz - y los presupuestos, constituyen dos ejemplos ejemplares.
No solo está mal lo que hacen, lo peor es pretender justificarlo. La conclusión también es lógica: quien acepte un acuerdo con estos personajes, del tipo que sea, o está ido, o es igual que ellos. En ambos casos, no se debería permitir que los falsarios sigan engañando, ni que los españoles, respecto de Zapatero, ni Rajoy, respecto de Sanz, se quejen de haber sido burlados.
Ocurre, sin embargo, que no hay fórmulas eficaces para arreglar la situación, y evitar que continúen enredando, porque, según las leyes pringosas que padecemos, los plazos de caducidad de sus mandatos les van a permitir disparatar mucho tiempo, para mayor daño nuestro.
Está visto que las manifestaciones, tan del gusto de los jerarcas, sirven poco, y, además, están entreveradas de agitadores y oportunistas que se las apropian, si son multitudinarias, o, si fracasan, mejor no promoverlas.
Como si estuviésemos en la antigüedad clásica, los ciudadanos debemos mantener una exigencia de seriedad y de responsabilidad efectiva, y no claudicar.
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