04/11/08
LOS TAHÚRES.doc
LOS TAHÚRES.
Los tahúres eran, y son, los que juegan con trampas, haciendo de ello profesión. Antes, en castellano, se les llamaba tafures, palabra procedente del árabe (takfur), que la tomó del armenio (tagevor), título con que se designaba a sus reyes, de los cuales tuvimos uno en España- León VI (V, según su lápida mortuoria que se conserva en Francia) de Armenia -, que, expulsado por los mamelucos y los mongoles de su país, en el siglo XIV, recibió de Juan I de Castilla, Madrid, Ciudad Real y Andujar en soberanía. Enrique III recobró lo donado por su predecesor, y creó, como cazadero real, el Monte de El Pardo.
Son tiempos de transparencia y verdad, pero aquélla no garantiza ésta. Los tahúres políticos, económicos y sociales son unos artistas del mentir diciendo verdades con la mayor transparencia. La verdad no siempre es aceptada- “vino a los suyos y los suyos no le recibieron”-, y hay personas que prefieren ser engañadas- “no me des malas noticias”-.
Cuando no se aplican las leyes, la vida se convierte en una trampa, y la sociedad en el escudo de los tramposos, que, en un cierto grado de corrupción, se permiten presumir impunemente de su conducta transparentemente delictiva, recibiendo el aplauso de los ciudadanos, que prefieren la negación de la verdad, porque les han convencido de que esto es lo que les conviene. Es el momento heroico de aceptar que “muera uno, para que todos se salven”.
¿En qué consiste la salvación que nace de la mentira?, en un eslogan electoral vacío.
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