13/11/08
EL ABSURDO COMO NORMA.doc
EL ABSURDO COMO NORMA.
Cuando se trata de servir a la comunidad, es absurdo servirse de la comunidad. Sin embargo, esta suele ser la norma de nuestros políticos, para quienes el poder es un derecho y no una obligación.
Cuando se trata de gestionar los intereses de los accionistas, es absurdo anteponer los intereses personales. Sin embargo, esta suele ser la norma de los ejecutivos que han monopolizado la dirección de las empresas.
Cuando se trata predicar la verdad, es absurdo hacerla incomprensible. Sin embargo, esta es una costumbre de teólogos de mayor o menor alcurnia, cuando la conducta evangélica es acercarse a las mentes de los más sencillos, no de los letrados.
El absurdo de los políticos lleva a eliminar la libertad individual, haciendo imposible participar en la cosa pública sin pasar por el fielato de los partidos políticos, con los que el gobierno y la oposición monopolizan el poder, y acaban con la destrucción de la democracia.
El absurdo de la alta dirección empresarial, lleva al empobrecimiento de los accionistas y al enriquecimiento de los ejecutivos, pero, además, produce la quiebra de la empresa, con el triste espectáculo del paro y la recesión.
El absurdo de los teólogos destruye la moral de los hombres, consecuencia de la irracionalidad de una fe imposible, por mucho que diviertan los recursos a los misterios, y con ello, se destruye el presente y la esperanza del futuro.
Puede que alguien crea que su poder, su riqueza y su cultura le hacen más importante, pero la realidad es otra.
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