24/11/08
LA CRISIS QUE FALTA.doc
LA CRISIS QUE FALTA.
Las consecuencias de perder los límites razonables de la ambición de enriquecerse, parten de saltarse las leyes a la torera, corromper a quien haga falta, y, como dijo uno de los actuales prebostes bancarios, tener alma de pirata. La desmesura lleva siempre al fracaso, como lo demuestra la cantidad de corsarios ladrones que terminaron colgados de una verga seca , o palo mayor de su propio navío.
Las estafas titulizadas, y otros engaños dolosos similares, abrieron la llamada crisis financiera porque, sabiendo lo que sabían que ellos hacían, las instituciones de préstamo y crédito pensaban que todos pecaban igual y, el invento del interbancario se fastidió, a pesar de los regalitos de la Reserva Federal, de Trichet, y del lord ese que aparece siempre en U.K., que se traducirán en desvalorización monetaria.
La especulación, nacida del dinero abundante y barato, animó a poceros, abogados, bancarios de medio pelo, arquitectos, urbanistas, consejeros y ejecutivos que, ante tantas facilidades públicas y privadas, quisieron comerse todo el pastel de las carcasas empresariales, y la tripa les ha reventado por la indigestión.
Ahora falta la crisis monetaria está al caer, porque, cuando el dinero pierde su función metafísica de materializar el valor de las cosas, función que hizo que, el verdadero autor del llamado “milagro alemán”, Wilhem Röpke, lo comparase con Dios, deviene inútil y las cosas se encarecen en sesión continua, inflación incontrolada, suelen decir los sabios de lo que no es una ciencia, sino una moral.
Zapatero se ríe del déficit, el insolvente Solbes bosteza, Sebastián pierde los nervios, el Banco de España consiente, Magdalena Álvarez pone el tren sin destino y, como decía D. Antonio Machado, nosotros “vamos en una centella”. Sin embargo, las cosas siempre tienen arreglo.
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