28/11/08

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ESPIRAL DE VIOLENCIA.

 

 

Toda espiral de violencia termina en destrucción incontrolada, especialmente si la reacción ante la misma está provocada por el pánico y la pasión, no por la serenidad y la razón.

 

Una vez más, ante el ataque terrorista de Bombay, o como ahora le llamen los cursis, hemos asistido a una huida presentada como una heroicidad, y descrita en calcetines de viaje. Se entiende que, si hay tiros, lo primero que hay es que no te alcancen, pero elevar a heroicidad la simple prudencia resulta, cuando menos, ridículo.

 

Lo peor es que, de regreso a casa, con la piel ajada, el traje arrugado, y los calcetines de viaje se  hagan declaraciones, rodeada de cobistas, en términos de heroína, terminando con una llamada de enfrentamiento por parte de la “alianza de los pueblos civilizados”, lo que supone considerar no civilizados a los que no estén en su alianza de, más o menos, ricos contra  pobres, de opresores contra oprimidos.

 

El verdadero temple radica en la modestia de no inventar historias, reconocer lisa y llanamente la casualidad de lo ocurrido, y que se creyó oportuno, por lo que fuese, coger el primer avión, y no esperar al último del “séquito”.

 

La inteligencia prohibe tocar a rebato, montarse en  un imaginario corcel y relacionarse con la protección del Más Allá, si lo que procede es mantener discreción y acudir a la reflexión.

 

Hace tiempo que esto no es un colegio de monjas, ni los ciudadanos niñas de la clase, aunque siempre hay “palmeros” del poder.

 

 

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