26/02/09

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PASADO, PRESENTE Y FUTURO.

 

 

Lo que necesita el problema separatista es un examen frío y objetivo del pasado y del presente, y una prospección del futuro. La historia, es decir, el pasado, se puede deformar, pero, aún así, no hay que tener miedo. Ni Cataluña, ni Aragón, ni Baleares, ni Valencia, ni Navarra, ni el País Vasco, ni Galicia pueden exhibir con orgullo más que logros aldeanos cuando han actuado en soledad, y, si es eso lo que les gusta, allá ellos.

 

El presente tampoco legitima sus pretensiones, porque es de una inconsistencia, fracaso e inmoralidad que nos abruma a todos. Alguien se dará cuenta que salir de la crisis moral, económica y de convivencia es tarea común del Mundo, de Europa y de España. El daño causado ha sido universal y curarnos requiere el propósito y la conducta conjunta. Quien no aporte lo que le corresponde seguirá bajando hacia el subdesarrollo.

 

El futuro siempre es incierto, pero un realismo prudente enseña que cuanto más provinciana sea una colectividad, más a la cola del progreso estará. La ausencia de horizontes es propia de aislamientos, aunque los románticos crean que todavía existe un “Shangri-La” a medida de su egoísmo.

 

El nacionalismo se mantiene, con sus perniciosos efectos, si se le opone otro nacionalismo, más o menos irracional. No es hora de sentarse al sol del mediodía, sino de superar las situaciones que nos afligen.

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