28/05/09
SEPTICEMIA.doc
SEPTICEMIA-
Si se abre la cáscara, dentro no hay más que una infección generalizada. Los bichos se han expandido por todo el cuerpo y únicamente cabe esperar un cercano y doloroso final.
Pudimos superar la enfermedad, pero no quisimos. El mal ha sido tan profundo, tan devastador, que ya no hay remedio. Incluso hoy, que estamos en las últimas, somos incapaces de reconocerlo.
Lo peor es que no aceptamos el final, queremos continuar viviendo rebozados en el mal, conservando el peso inaguantable de una conciencia torpe, y una voluntad depravada. Es el espectáculo de un ejército derrotado por abrazarse al botín y abandonar las armas.
¿Sabemos qué es lo más deprimente de lo que nos está pasando?, pues que unos generales del ejército mercenario que tenemos mienten para dar gusto a políticos inanes. Como dijo el antihéroe, prefieren los barcos a la honra. La disciplina exige cumplir todas las órdenes, pero no mentir.
Ya no estamos seguros ni en el vientre de nuestras madres, ni tenemos defensores de la fe, valedores de la justicia, ni nos importa que nos esclavicen, que nos mientan de forma sistemática y que el único valor sea la riqueza, sin importar la forma lícita o ilícita de su adquisición y uso.
Así resulta imposible la convivencia: Zapatero, las ministras, el vicepresidente y los ejércitos no se sonrojan y todos vamos al fútbol; con las personas que desean el bien que no cuenten.
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