29/06/09
EL SUCIO RASTRO DEL DINERO.doc
EL SUCIO RASTRO DEL DINERO.
El dinero robado siempre deja rastro: no está donde tenía que estar, y está donde no debía. El rastro no suele conducir a nada, porque la institución encargada de seguirlo, la Justicia, no lo hace, porque se la juega. Políticos, constructores y financieros saben mucho de eso, y se ríen en las mismas barbas de los ciudadanos. La historia, por repetida, resulta aburrida, desalentadora y elimina toda credibilidad para el sistema llamado democrático.
Dª-María Teresa y Dª Elena, las dos vicepresidentas, presentaban a pachas y sonriendo el FROB, después del Consejo de Ministros que acordó su creación y dotación con noventa y nueve mil millones de euros, ante los temblorosos periodistas que se prestaron a asistir. Estas dos señoras, tan partidarias del aborto, ya podían haber abortado semejante criatura que, dejada a la custodia de quienes han hecho de la corrupción norma de vida, agigantará tropelías pasadas.
Cuando las cosas llegan a este punto, no hay que entrar en el análisis coyuntural de la medida, sino en
las medidas para que no
desaparezca la pasta, es decir,
la fiscalización, el rápido encausamiento y los años de cárcel quienes
intervengan en apaños indecentes.
El caso Cajamadrid es ilustrativo. Para decidir sobre su presidencia, anhelada por algún personajillo, se cambia la ley, como no sale, se vuelve a cambiar y, en el entretanto, pactos con Izquierda Unida y contra su propio partido, sindicalistas y FROB. Una vergüenza. Pues en las finanzas de España todo es así, y luego nos quejamos de crisis y depresión.
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