05/07/09
INUTILIDAD DEL PARTIDO POLÍTICO.doc
INUTILIDAD DEL PARTIDO POLÍTICO.
Se trata de que el ciudadano que lo desee pueda participar en la vida política, es decir, en los intereses que, por colectivos, también son suyos, cuya gestión asume el Estado y realiza a través de las instituciones, una de las cuales es el Gobierno. Por lo tanto, lo que haga posible dicha participación ciudadana, y en la medida que lo haga, es bueno, y, en la medida que lo dificulte, malo.
Es verdad que la cuestión, cuando se lleva a la práctica, es compleja y difícil, pero no hay que prescindir de la verdadera razón que legitima la política, sustituyéndola por la fuerza de los intereses particulares o injustos, que es lo que ocurre con nuestros partidos políticos, para quienes lo último es hacer posible que los ciudadanos participen efectivamente, y que, en el mejor de los casos, ofrecen rígidos contratos de adhesión inalterables, en los cuales las cláusulas van en letra tan pequeña que resultan ilegibles, aunque, si eres dócil, te puede caer una prebenda.
Nadie en su sano juicio participaría en un juego en el que estén permitidas todas las trampas, en el que la apuesta es Garoña, porque lo antinuclear está en el programa de Zapatero, y abortar, aunque no esté en el programa, en el que sobre la mesa se afirme que los jueces son independientes, pero que los nombran uno o varios de los tahúres, o en el que los financieros se ponen de acuerdo con el Gobierno, y la Oposición, para sacar las perras a los ciudadanos y no quebrar, por su mala cabeza, sin verse obligados a la devolución previa de lo que han afanado y escondido en los días, para ellos, de vino y rosas.
La consecuencia es obvia: la política no es cosa de gente honrada, que, sin embargo, es quien debe hacerla. Bastaría con exigir responsabilidad efectiva.
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