24/10/09

LOS PRINCIPIOS DE AGUIRRE.

 

Se trata de asegurar el porvenir si se pierden las elecciones. Ni el segundo, ni el secretario, ni el de las cuentas de Cuenca deben quedar a la intemperie por culpa de unos electores díscolos. Si nos vamos alguien tendrá que darnos cobijo, y nada más indicado que una institución benéfica como una caja de ahorros y monte de piedad. He aquí los sagrados principios, ya se verá cuales son los finales.

 

Se comprende muy bien la ambición política, pero autodefinirse demócrata y liberal, sin renunciar al mando despótico, personal, ilimitado y no sometido a leyes, no es coherente, pero sí indignante. En la lucha vergonzante por Cajamadrid, los principios del interés de la Caja no cuentan,  lo que se persigue es la apropiación institucional para beneficio particular.

 

Así, pues, no hay que llamarse a engaño: asistimos a la feroz y sangrienta disputa de una presa, en la que las propuestas son amagos para dar entrada final al de Cuenca, que se ofrecerá como víctima racional de un acuerdo imposible. Ni Rato, el astur, ni Pizarro, el turolense, ni González, ni Guindos, Beteta, que es de Cuenca y nadie habla de él. A los principios de Aguirre  también le cuadra y a Rajoy le saca del lío de elegir entre nombrar una gestora en el PP de Madrid, o dimitir de la Presidencia del Partido.

 

Aguirre presume de fumar puros y jugar muy bien al póke ry al golf, Rajoy sostiene que es gallego, pero hacer lo que se debe para la gobernanza de una institución de ahorro popular, que los políticos suelen utilizar para sus propios intereses, no entiende de apuestas, ni de astucia, sino que exige decencia y claridad.

 

Hay que tener principios, pero sin dejar de ser honrado. La pública declaración de Aguirre de que “es ilegal politizar las cajas” resulta insuperable.

 

¡Ay,,,! la falta de honradez, que cosas nos hace decir.

 

 

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