26/10/09

PERDER LA GUERRA.

 

“...Es bastante desvergonzada la época presente y difícil de componer: lasciva, lúbrica, poco apropiada para la enseñanza de la virtud y para entenderla, por el contrario, devuelve insultos al que enseña y corrige,” así describe la sociedad española del siglo XV, Alfonso de Oropesa, general de la Orden  de San Jerónimo de España, en la dedicatoria al Arzobispo de Toledo Carrillo, Primado de España, del tratado Luz para el conocimiento de los Gentiles, en el que defiende la igualdad ante la Ley de todos, especialmente de los judíos conversos, y argumenta contra su discriminación, que algunos pretendían, preludio de su persecución y expulsión de España, por motivos políticos y económicos. La data más probable de este tratado es la de 1468.

 

Parece que hoy nada ha cambiado, que nuestra sociedad de 2009 es idéntica a la descrita por Alfonso de Oropesa en 1468, con los mismos vicios, con idénticas perversiones e incertidumbres, pero bastó la cordura de los Reyes Católicos, poniendo en su sitio a una nobleza llena de soberbia y ambición, para construir la unidad y la grandeza de España. Luego esto de hoy también tiene arreglo, pero sobran los independentismos y las autonomías, los Montillas, Urkullus, Camps y Aguirres, mucho más perjudiciales que los Correas y demás quinquis habituales en toda época, sociedad y régimen político. Son aquellos que se creen con derecho a ostentar poder absoluto, y que no se resignan a una posición subordinada, los que sobran por perjudiciales para el progreso de la ciudadanía y de la sociedad entera.

 

España lleva mil años sufriendo la ambición de déspotas ineptos y provincianos, y es hora de que se les haga desaparecer para siempre, o se perderá la auténtica guerra del Estado.

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