01/11/09
ÁRBITRO.
El árbitro está obligado a arbitrar y no puede ser arbitrario, sino que existe para poner las cosas en su sitio. Cuando no se respetan las reglas, el árbitro primero amonesta, luego expulsa y, si tampoco puede continuar el juego, da por terminado el partido, y, en último extremo, ordena la presencia de la autoridad y desaloja el estadio. Al final, el comité de competición (el pueblo español, titular de la soberanía nacional, según el artículo 1, 2, de la Constitución), sanciona a los culpables, incluso al árbitro, y puede llagar a cerrar, temporal o definitivamente, el campo. Si no es factible todo esto, el arbitraje carece de garantías.
Quizá lo más peligroso es cuando el árbitro abandona el arbitraje y hace cosas raras, por ejemplo, permitir al capitán de uno de los equipos que, con nocturnidad y alevosía, le quite el pito y se lo quede para decidir cuando hay que pitar. Las reglas del juego, en este caso, carecen de valor normativo y el árbitro da paso a la arbitrariedad.
La Constitución de 1978, que, muy ingenua, teórica, extensa y complicadamente, contiene las reglas de juego españolas, dice a quien corresponde el mando supremo de las fuerzas armadas (artículo 62, h), y a quien corresponde, previa autorización de las Cortes, declarar la guerra y hacer la paz (artículo 63, 3.). Sin embargo, se ha creado la UME- Unidad Militar de Emergencias- bajo el mando directo del Presidente del Gobierno, la mejor dotada y pagada de todo el Ejército, desplegada en todo el territorio nacional, y, por otro lado, siguiendo aquella decisión de Aznar sobre Irak, estamos en una guerra, la de Afganistán, que el Rey no ha declarado, ni las Cortes autorizado, y que Zapatero nutre de tropas y material, según relaciones imperiales.
¿Quién tiene el silbato de árbitro?.
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