03/11/09
EL ODIO NO ES RENTABLE
No es muy acertado lo que dice sobre el odio el Diccionario de la RAE( “antipatía y aversión hacia algo o hacia alguien cuyo mal se desea”), porque el odio es “un sentimiento de incompatibilidad y destrucción de alguna persona, cosa o situación”,
sin necesidad de desear el mal. Por eso tienen sentido las frases de odiar la mentira, odiar el delito, odiar el pecado, etc..., y por eso, también, es irracional odiar la verdad, odiar la virtud, y odiar lo que se debe amar, odiar por odiar, porque todos estos casos de odio no son rentables, ni enriquecen a quien los padece, envilecen su alma, y la convivencia llega a ser insufrible, incluso imposible.
El odio, en este sentido, suele ser producto de treinta monedas, de una ambición frustrada, de una venganza no conseguida, o, simplemente, de la envidia, el resentimiento y tendencia al mal. A veces, en los casos más repulsivos, es una combinación de todo esto. El insulto descarnado es manifestación cierta de la existencia del odio irrefrenable.
En un diario madrileño se publica un artículo con el título “Cobo, el lacayo” cuya lectura muestra, entre otras cosas, un sorprendente ejemplo de odio irracional, inútil e insultante. La responsabilidad es del firmante, pero afecta, también, al director, que lo ha permitido, y a la editora que no lo ha impedido. Cuando se alcanzan estos límites, aunque no se conozca a la víctima, ni cuales son los agravios de los responsables, es legítimo, incluso obligado, disentir expresamente, y preguntarse por las verdaderas causas de lo ocurrido, probablemente inconfesables. No se puede recurrir al insulto y publicarlo a palo seco; quien lo hace, permite, quien lo tolera sin discrepar, pierde todo lo perdible y lo imperdible.
La libertad de expresión no es libertad para insultar.
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