05/11/09

EL CRUCIFIJO Y EL TRIBUNAL

 

 

La reciente sentencia del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo sobre que la existencia de un crucifijo en las aulas públicas de educación es contraria a los Derechos Humanos, dictada por unanimidad de los magistrados, parece o una provocación, o una idiotez, o las dos cosas. ¿Dónde se puede acudir para denunciar ésto?.

 

La idiocia- deficiencia muy profunda de las facultades mentales- inhabilita a quien la padece para obligar a nadie, es decir, produce la incapacidad absoluta, y, por lo tanto, tiene que haber un mecanismo legal para destituir a los magistrados que la sufren.

 

Aunque hay muchos locos sueltos, seguro que todavía quedan unos cuantos millones de europeos que pedirían gustosa y educadamente que no se malgaste tiempo y dinero en disparates ridículos. Hay muchos problemas de daños morales y materiales evidentes, muchas cuestiones serias que resolver, muchas sentencias que dictar en plazos razonables, para que unos funcionarios se dediquen a semejantes dislates. Esto es parecido a pedir el certificado de defunción de Franco.

 

Se comprende que la ingenuidad de los fieles caiga en la trampa y quiera discutir lo que sea, se comprende porque las tonterías irritan, pero las reacciones no deben ponerse a la altura de los errores manifiestos y evidentes.

 

Europa está liquidada. Cualquiera entiende que hay que negarse a citar a San Juan Evangelista- “vino a los suyos,,,”- para defender el Cristianismo a estas alturas de la Historia.

 

 

 

04/11/09

ECONOMÍA Y SISTEMA FINANCIERO.

 

 

La Economía comprende la producción, el mercado, y el consumo. El ideal es una producción suficiente, un mercado ágil, justo y seguro y un consumo racional. Los instrumentos son el sistema empresarial, el sistema financiero, y el sistema de mercado de libre competencia,. Los requisitos son la estabilidad, una moneda sana, y un régimen de garantías eficiente.

 

La simplificación nunca refleja con exactactitud la compleja realidad, pero sirve para el análisis.

 

 Corresponde al Estado que la Economía – producción, mercado y consumo- funcione  para satisfacer verdaderas necesidades de los ciudadanos, evitando abusos e ineficiencias, privilegios y opacidades, garantizando, además, el progreso y el bienestar.

 

El Sistema Financiero, como conjunto de instituciones ,  puede variar, pero siempre con la función Banca en primera línea- recibir el ahorro y aplicarlo a préstamos y créditos-. La naturaleza de la actividad bancaria es instrumental y pública, pero normalmente se realiza mediante un sistema de concesiones a instituciones privadas para mediar entre los ahorradores y los tomadores de dinero, con un justo margen de intermediación. Lo que no es propio de la Banca es una actividad especulativa, ni el enriquecimiento personal de los ejecutivos que se apropian beneficios y cargan riesgos y pérdidas a una clientela ignorante, propietaria real del dinero.

 

 La crisis que sufrimos se debe al mal funcionamiento de la Banca, y a que el Sistema Financiero ha quebrado, lo que trata de ocultarse mediante inyecciones masivas y peligrosísimas de dinero público, con daño grave para la economía real. Al Estado corresponde la obligación, no debe permitir que continúe el desastre, y, mucho menos las corrupciones.

03/11/09

EL ODIO NO ES RENTABLE

 

 

No es muy acertado lo que dice sobre el odio el Diccionario de la RAE( “antipatía y aversión hacia algo o hacia alguien cuyo mal se desea”), porque el odio es “un sentimiento de incompatibilidad y destrucción de alguna persona, cosa o situación”,

sin necesidad de desear el mal. Por eso tienen sentido las frases de odiar la mentira, odiar el delito, odiar el pecado, etc..., y por eso, también, es irracional odiar la verdad, odiar la virtud, y odiar lo que se debe amar, odiar por odiar, porque todos estos casos de odio no son rentables, ni enriquecen a quien los padece, envilecen su alma, y la convivencia llega a ser insufrible, incluso imposible.

 

El odio, en este sentido, suele ser producto de treinta monedas, de una ambición frustrada, de una venganza no conseguida, o, simplemente, de la envidia, el resentimiento y tendencia al mal. A veces, en los casos más repulsivos, es una combinación de todo esto. El insulto descarnado es manifestación cierta de la existencia del odio irrefrenable.

 

En un diario madrileño se publica un artículo con el título “Cobo, el lacayo” cuya lectura muestra, entre otras cosas, un sorprendente ejemplo de odio irracional, inútil e insultante. La responsabilidad es del firmante, pero afecta, también, al director, que lo ha permitido, y a la editora que no lo ha impedido. Cuando se alcanzan estos límites, aunque no se conozca a la víctima, ni cuales son los agravios de los responsables, es legítimo, incluso obligado, disentir expresamente, y preguntarse por las verdaderas causas de lo ocurrido, probablemente inconfesables. No se puede recurrir al insulto y publicarlo a palo seco; quien lo hace, permite, quien lo tolera sin discrepar, pierde todo lo perdible y lo imperdible.

 

La libertad de expresión no es libertad para insultar.